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martes, 27 de septiembre de 2016

Nana



Nos mecimos en el tiempo
con la muerte entre las costillas,
rindiendo en la pira a los cuervos
estos huesos que fueron saliva,
ruegos, sangre a la deriva.


Dimos suelo a las heridas
en una vida germinada en restos,
besos a nuestras cenizas,
y nos enterramos muy lejos
de la cala, de la villa; muy lejos.


En las trizas de aquel pecho
sobre el nombre de una niña
y su lecho.