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sábado, 10 de octubre de 2015

Réquiem



                En las horas en las que todos los muros se hacen escombros y los sueños envejecen,  como en la guerra inminente que se acerca, trato de guiarte a las catacumbas del subconsciente, delirando en un lecho de lirios manchados de sangre y arsénico; sábanas de gusanos arropando la locura y las náuseas del caos.


En estas noches de arpegios en re menor, arrastro a Psique colgada de los cuchillos en mi espalda a través de encrucijadas de hiel y napalm, lágrimas, bilis y piel calcinada, sorteando tangos de carne inconsciente en calles podridas. Empujando la sinestesia personificada en las pupilas del tiempo, empuñando la noche y la media sonrisa del ahorcado, donde florecían en su sangre los huesos astillados de la memoria y susurraban como epitafios. Donde reinventó el cielo en los charcos del camino. Pero los pasos incesantes removieron la tierra... y los pájaros se ahogaron.

Creí ver la ausencia de la infancia en sus ojos y la esperanza de luto sobre sus hombros, rogando a la sonrisa de mis uñas en las paredes de esta cárcel. Y grabó las huellas de sus ojos sobre el infértil sendero entre este cementerio de árboles sobre el que ríe la lluvia en la noche muerta.

Y calmando las horas del Nunca sembrando loto en el cauce de mi Aqueronte, me vi caer muerto entre mis brazos, haciendo de su recuerdo un réquiem a la moral bajo la belladona esparcida del batir de polillas putrefactas, envolviendo las entrañas de la conciencia.


"Comida barata son tus entrañas.
Mi soledad, una barca sin remos.
Escucho la piel deshabitada con nuestros nombres
nuestro más sentido pésame."  -Carles Sanchís.

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