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jueves, 29 de mayo de 2014

Tres Clavos



Tengo tres clavos
Para el caminante
Que, vacilante, tiene ramos
Vastos de desastre
Y arte; quebranto.

Tengo derrames
De sangre y el esparto
De la cruz que hacen esos sastres
Del amargo estrago
Tu estandarte.

Tengo retazos
De vuestros caminares
Y cruces de océanos de pianos
Que abaten las claves

De vuestros años… 

lunes, 26 de mayo de 2014

Danzando el silencio

Quiso soportar el amanecer bajo la tormenta de cuervos de su pecho y olvidar su mismo nombre en la hiedra.

Se aleja en los cruces del abismo sosteniendo los suspiros de la luna que la desviste, con las piernas ensangrentadas de arrastrar la vida sobre el odio y la lluvia. Hiende el puñal en sus sábanas, arropando el dolor de cada pesadilla en la que se refugia del silencio que la abraza,
enlazando el amor que guarda a un rostro difuso a la oscuridad del día.

Danza sin cesar, en la ruina y el caos, en el grito desesperado que nadie oye ahí fuera, en las lágrimas que la derriban. Deshoja el tiempo en una esquina, sin soltar sus dedos, esperando que un día la encuentre, como sombra eterna desvaneciéndose en el filo de la esperanza.
Invoca a sus demonios en el infinito del sueño que se repite, abrazada al morir del otoño que la arranca como hoja seca y la posa sobre los que se fueron, susurra una nana al olvido y se duerme en los lirios que la vigilan.

Y camino al fúnebre latir de su hálito, como el melancólico delirar de la muerte en sus brazos,
con los pétalos de la ilusión desgarrados en el suelo a velar su eterna vigilia. Suena a lo lejos su silencio resquebrajado con el susurro del sul ponticello en armónicos ahogados.

lunes, 12 de mayo de 2014

Alboradas de Sangre


 
En el sopor de la mañana,
suplico volver a tus pesadillas,
como vástago de la nada,
el olvido o las heridas;
como Erinia velada.

Enraizar en la oscura nana
que la luna clama en las orillas
de tus costillas laceradas,
como el dolor de una niña
sobre tierra putrefacta.

Arrancar la sombra anclada
en tu carne. Ser ceniza,
ser nadie.

El fatal latir de la calma
invoca al miedo, quiebra la vigilia;
mil ojos tienden su emboscada,
ensangrentada su risa,
sobre el muro de tus sábanas.

Y deambulo en las incineradas
veredas donde reposa cautiva
mi tumba, tu vida; tu espalda,
aguas de la Estigia
que guían mi nunca y mi parca.

Sálvame esta madrugada
del desastre en tus pupilas teñidas
de esta alborada de sangre.


Anhelo

Acude a los vuelos más negros
El ciego errante de la niebla,
Y quiebran sus piernas bajo un cielo
Cubierto de mil rocas y hiedra.

La muerta rama de un destierro
En el infierno de vil tierra
Abierta por un gran cementerio;
Entierro sin panteón en ciénagas.

No quiere ninguna otra fiesta
Que el palpitar de mil campanas
En su eterna vida funesta.

No quiere otra vida funesta
Que el transitar por mil caminos
De olvido sin esperar su vuelta.


jueves, 8 de mayo de 2014

Tenue


En la blanca esfera de impuras palabras
danzaba etérea, fatal, la luna.
Y bajo su lecho, mil cunas con velas y blancas
rosas posadas en sus epitafios, sus sábanas.

Y allí, donde el dolor más pendenciero
se hace enredo tras la oscuridad y la calma,
guarda ella su voz. Acallando el miedo,
vierte la dama su rosa y sus lágrimas.

Atormenta el viento los corazones,
mas sólo del cabello siente ella el mecer,
si ni del frío dio cuenta, o el llover sobre panteones,
la noche se le hace eterna y no vio amanecer.

Gélidos puñales caen en su rostro desvaído,
y enmascara a los truenos a voz en grito,
aplacando en su garganta al destino,
ahoga el fango del suelo con el lago del nicho.

Y se apaga, se apaga pequeña la llama
que queda, blandiendo el fuego con valor,
mas su dolor quema y consume su alma
cual efímera vela antes de su estertor.

Y rosa queda sobre helada piedra,
olvidada en su belleza perdida
entre finos dedos y hiedra,
medra el tiempo sus heridas.

Y cae leve, fina,
la lluvia inerte
sobre su tez,
lívida.