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miércoles, 30 de abril de 2014

Incondicional

Enhebrando mil gemidos,
gastados los pasos entre el anhelo
de embriagarme en tus nidos,
nichos en trance de este desespero
perpetuo en tus leves hilos.

Al filo de los recuerdos
ahorcados en los heridos
altares,

Incinero mis senderos
en los cirios encendidos
en tu sangre.

El suplicio de los títeres vivos
con la condena de caminar muertos,
entre promesas y gritos
de cadáveres con verbos infectos,
fieles a tu latido.



lunes, 28 de abril de 2014

Veinticuatro Inviernos

Tras veinticuatro inviernos, aún sigo ardiendo por encima del hielo y las cenizas, danzando en la pira
ebrio de rabia, a una calada entre el infierno y el olvido, con los pies de aquel que jamás regresará.

He visto arder amaneceres, atardeceres escarchados en mis dedos y noches enterrando corazones en la lluvia entre la desesperación y los vivos por quien doblan campanas, como la redención de una niña llorando ante la cuchilla del destino y la impotencia del inocente, arrastrando su peluche y su agonía por los áridos caminos del desprecio y la orfandad.

Vi también las guerras de tus labios agrietados y la mirada arañando el suelo, el puño cerrado y los 
pétalos ensangrentados en tu seno. La lucha que te encadenó a vagar a través de las lagunas de lo etéreo,
en las que jamás renegaste de la esperanza en que estaría buscándote, y en la que jamás creíste, y aún así
seguiste esperando al borde de la oscuridad a que un ínfimo haz de esa promesa se posara en tus lágrimas.
Y la condena que se hunde en tus huesos contonea al alarido de una lúgubre caricia teñida de aquellos que
nunca estuvieron, escondida en la mueca enloquecida de las sonrisas de tus demonios. 

Ondeaban los estertores en las pesadillas del anhelo que te arrebataron, y sobre los acantilados del miedo
crucificabas el dolor en tu sangre esperando poder purificar con ella el mar de cieno y hastío que se mece
bajo tus pasos agotados.

No fue tanto el calor de las despedidas en las estaciones como el frío que las envolvió mientras gritabas
tras las sombras de los recuerdos que se escapaban de entre tus dedos. Y a lo lejos, tras los restos del
pasado y tus sueños, atravesé la inconsciencia y la locura que hay entre la muerte y el abismo, arrancando
tu nombre de cada lápida ávida de arropar en el eterno silencio el último abrazo que te queda, sin rostro,
sigo avanzando tras tu estela.

Será tu cielo o tu calor, las cicatrices de tu calma. Será la furia de tus manos o tus ojos acariciando 
mis entrañas negras.