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martes, 13 de agosto de 2013

El Infierno más helado


He hablado demasiadas veces con la muerte entre la ruina y los llantos de Thelema, lunas de mierda y sangre en las aceras; demasiadas noches colgando el dolor en las líneas de mis venas.

Si supieras de la oscuridad que enjaula el Miedo más puro entre los clavos de este cuerpo, hendiendo las entrañas del infierno más helado del corazón en los filos acerados de las batallas con el vacío y la inmensa nada. Páramos eternos en los que abracé la hiedra de la soledad, entre escalofríos y caricias de los finos y largos dedos del morir a trozos, a trazos leves, esperando, con la paciencia con la que espera el ciprés el susurro del adiós, a abandonar la sed de libar en los lagos putrefactos del anhelo y la inconsciencia de un sendero inmortal que siempre se suicida en la misma ataraxia de tiempos pasados. Vacío... En silencio y vacío, como el abismo con el que mis ojos engullen el mundo, amortajados en la melancolía que un día asesinó el cielo en el que solía escribir.

Y como recuerdo, una daga y una rosa, tres mil versos, y mi beso desangrado enterré en los espejos del odio para verme llegar de lejos cuando te encontrara al final del acantilado de esta playa de cadáveres y sentimientos de cristal, y saber que te desvanecerás entre las olas; en las agujas de mis manos deshilvanando tu espalda. Y despierto desde ayer en tu mirada, con la que deseas todo, con la que rompes mi nada. Y te amo y me odio, y desahucio mi despedida; quiero de cadalso tu abrazo cada fin del día, cada fin del mundo. Y mudos mis labios, hablaron mis manos aun en las tinieblas de esta tierra, encadenadas al romance de mi bestia con la inocencia de esperarte hace siglos en mi Varsovia. 

Aún suena el plomo volando en el aire y los funerales silenciados en Treblinka. El tiempo aún agoniza, y todavía no ha nacido la noche. Estaré al final del camino cuando el reloj muera, como siempre en este banco, en esta tumba, recordando el baile que  me debes por tu cuerpo, guardándote los últimos latidos de este cigarro.

lunes, 12 de agosto de 2013

Dead Can Dance



     

               Puede que esta noche sea la noche de la bruma en la que me ahogue la locura de esta llaga o esta luna, o rezume el sol sobre tu nube y te robe cuando dudes lo que viste en el balcón, el calor de la noche que desate el frío de mi interior, fragor de batalla, dulce cuchillada en la tormenta que seduce un corazón de hiel y azufre.

Aún escucho a lo lejos los pasos del sendero que porta el miedo en mis ojos, los jirones de espejos rotos sobre el lodo que apresa la presa que construí junto a los lobos aullando a mi presencia; como un perro gime a su muerto.

viernes, 9 de agosto de 2013

Desde aquí

Cuando no enredo mis dedos en el ego de tus noches, ni el paladar me arde a mares de alquitrán, deambulo ebrio de silencio al roce de un viento que no merezco, con las manos llenas de promesas ilegales en el cementerio cuerpo.

Y se desdobla el redoble de las calles que están aquí abajo, en las que quedan ya  muy lejos las aceras a las que abría tu puerta. En el delirio de tu recuerdo, aún desapareces al final del pasillo, y no hicieron falta rosas ni rezos para despedirme cada día. Rendía ahora mis rodillas sin querer al anhelo que te llevaste, entre la lluvia fina y la sangre que recogí, los cristales de este suelo podrido y el desgarro de los besos en cada tumba.

Esas luces trasveladas me apuñalan con la certeza de que volveré, dejando que me tambalée si no cicatriza en el peor de los diciembres. Y dirás que no fue invierno si no ves mis pisadas en el camino que tuviste en tus brazos, porque siempre desconfiaste que en estos días el tiempo hiciera bien su trabajo.

Ni siquiera cae la noche, corre mi mente como Poe puesto de opio y no me tranquilizo, con el carmín de otro cuchillo en mis manos, cortando el batir de esta vida en el  arte helado de amarte desde aquí. 

martes, 6 de agosto de 2013

Antes de amarla..

           Me pierdo a pasos que no escribo, huelo a humo de otras lunas, a caladas de la lluvia que no he visto. Escribo a pasos perdidos entre su memoria y el tiempo que no he dormido, y aún trenzo tus palabras en estas noches de infierno para que sepan estas cenizas al romance oculto del que nunca hablamos.


Hablo a veces con mis demonios, entre tragos de azufre, de la dulzura que brota en el dolor de sus ojos de niña perdida; del silencio cobarde con el que la abrazo.

Como la nana que duerme en su calma, duerme mi turbio respirar en la levedad de la mínima sonrisa que no brinda. Y, a veces, la fragilidad de su voz rompe en pedazos la tristeza en la que vivo, como sus manos en mi pecho; como el lecho que nunca tuve.

En la complicidad de "este momento es sólo nuestro" de lunas pasadas, quise enraizar sus pétalos en las mareas de niebla que respiro, y el temor de tan sólo sentir el frío con el que me arropo, heló mi pulso un segundo antes de amarla.

Un día podría despertarse en mí si sueño, o podría volver a esas calles de los sueños que inventó, en los que no ahogué en el fango del miedo esto que jamás me atreví a decirle.

lunes, 5 de agosto de 2013

Espectro



Cuentan que sus cuerdas
Suenan a desgarro
En calles de otra época,
A ajuste de cadalso
Y a ramo de condena.

A pasos desbocados,
a mano de otras penas,
a un whisky caro
en labios de otra puerta;
cerca de ese arco.

Y a puñados de descaro
vende amparo y rompe letras
de su llanto.

Al manto de alardes vanos
miente siempre a su tristeza;
con la sonrisa en el vaho,
sigue nevando en sus venas.