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jueves, 24 de enero de 2013

Bajo Santa Ana




Como brota la vida
en la lluvia y la sangre de los charcos,
florecen las espinas
entre tus nubes,  tus lindes y el barro
sembrado en las mañanas
y surcos, en los templos de tus palmas;

El desgarro de una niña
herida en su epitafio
y su nana.

Diluviaron los ojos en las cimas
y tus mejillas en el largo halo
que en este oscuro silencio afina
sus dagas mientras afila un teclado.

Y ella, danza desvestida,
aún llora bajo los arcos
de Santa Ana.

Adiós




Esta madrugada no es sino sangre
Danzando el romance de nuestras yemas
Con el manto de la vida y el trance
De esta calma tan difusa, eterna,
Con las yermas memorias de mi cárcel;

Donde sembramos calles
Sobre los páramos y muertas sendas,
En arena y desastre;
Donde sembramos huellas.

Vimos nacer  nuestras madres,
Vimos a nadie  en las aceras
Del infierno.

Y...

Resucitamos tarde
El perfume de esta mañana cerca
De los lazos amables
Que enreda el viento, leve, en mis venas;
Como caen en tu cabello
Estos muertos pétalos de cerezo.

Y ya queda en el cielo
Esta ceniza que antes
Era tu sangre...