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lunes, 19 de noviembre de 2012

Insomne


Como un maldito soñador insomne, sin camino y sin sonrisa, preferí vivir el día aunque el futuro me golpease.
Es, quizá, la pesada carga que supone abandonar conceptos que arropan la pura realidad, quimeras con las que se maquillan las calles, por perder el miedo que nos hace permanecer en un solo camino, o quizá por haber permanecido tanto tiempo en la oscuridad que ya me acostumbré a ella.
Puede que haya intentado quedarme en las posadas de todos los caminos y que ello me haya enviado a vivir entre caminos, a la sombra de los bosques que los flanquean.

Nunca fui demasiado materialista, y no tengo nada que dar en esta vida.. Y aprendí que no puedo dar alas nadie e intentar volar a su lado, cuando jamás las tuve yo o intentar aferrarme a ella, ya que sería arrancárselas de nuevo.


Tan sólo puedo coserlas y dejarla volar.


Y.. fueron silenciadas las primaveras por las hojas secas de lluviosas lunas golpeando pasos y miradas vacías.
Las personas comenzaron a vagar entre mis dedos, como el agua que se escapa, la vida se consumía en la copa  de una vela incandescente, y la el tiempo engullía los caminos, dejando los recuerdos esfumándose en el humo de mis labios, etéreo y frágil, como las lágrimas que lanzas desde tu sonrisa.

Tan lejos de mí.. y tan lejos de ti, que empezamos a ser nadie entre luces que no dejan vernos, perdidos cada uno en nuestra tristeza; almas de tiempos distintos.
En el callar de las horas, en el que tan sólo se escuchan los gemidos de los ojos y las calles, y el parpadear de unas luces perdidas, y en el que seguramente tus sueños estén desgarrando los sentimientos que guardas en el  día, renazco para escribirte. 

Volveré a verte mañana.. Y sé que volveré a morir.