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sábado, 31 de diciembre de 2011

Divagaciones Etéreas





Otra vez... otra vez he caminado embriagado bajo el dolor y la dulzura de la luna.. Entre la tristeza y el amor de nuestras calles... Y me parece un muerto el que vaga allá en las sombras del recuerdo al mirar a través de este rudo cristal desde el que no escucho nada. Y siento impotencia, rabia.. pero sobre todo melancolía.. Como la fría oscuridad que se cierne en nuestro corazón astillado, bajo hiel y tinieblas, tumbas y soledad... Como el niño que ve marchar a su madre, que se precipita sobre los brazos de la eterna danza, sangre y arena... Y este fuego no calma el frío, no quema, mas las cenizas, malintencionados restos de lo que fue, eterna quimera de lo efímero, hienden su perfume en mis huesos y arrasan lo que el fuego, aun fiel destructor de la vida, construyó; y graba el epitafio que el mundo jamás quiso.

Y en esta cegadora claridad que creen mis ojos ver, destella un haz de oscuridad más intenso que la muerte, justa vengadora de la desigualdad, cuyos brazos no son sino las ramas de la vida, el letargo de las rosas que nacen, delicadas, sobre nuestras manos, invitándonos a bailar con ella. Fiel amante, tan siniestra como bella, sella el más romántico beso, que es el rozar de los labios con su promesa; el cántico del ciego enamorado de su ciega forma de amar. ¿Qué el más puro besar que el rezo de sus dedos entrelazados en mi sangre, trance infinito trenzado en la oculta dulzura de la más triste melodía? Que al día paga con la moneda de la noche, el regalo más anhelado del bohemio, que en su caminar busca la espera, y en su espera camina en busca del beso de la luna.
¿Quién, en el perecer de las agujas de hoy, encuentra en sus labios lo que en otro tiempo fue realmente? ¿Qué máscara se esconde bajo su rostro? Si ni siquiera reconocemos nuestros ojos bajo el disfraz del espejo que nos muestra su reflejo..

Y en este divagar de palabras no veo sino una macabra, quizá falaz, danza de frases que se pierden en el fino hilo entre la lluvia y las calles, en el que nadie escucha nada, tan solo el breve gemir del suelo que pisan sus ligeras zancadas.. Y los corazones lloran al cruzar sus miradas, pues a estos templos ya no veo llegar peregrinos, quedan tan sólo las rosas olvidadas, resto que prueba la huida a lo que llaman realidad.. que no es más que el intentar sobrevivir... el miedo a soñar.. el miedo a vivir... a hacer realidad la vida en nuestros sueños..

No espera ya la dama, postrada en la balaustrada de la noche, unos brazos que acaricien su alma; ni existe el enamorado de la dama que lo espera aun sin saber cuándo la hallará.. Los ojos que viven embriagados de su sonrisa, aún perdidos en la ternura de sus labios, que los recuerda en cada pétalo, en cada brisa, en la espuma del mar y en las olas del céfiro. Y ahora yace enterrado en la fría y pútrida tierra húmeda de un campo que algunos llaman santo... Y la dama que vivía enamorada de sus llegadas bajo la lluvia y la noche, diluvia ahora en lágrimas sobre lo que antes fue su historia y sus páginas; inerte tumba. Nada fue para su vida, que mandó al olvido a sepultar su cuerpo y encadenar su alma a las heridas...

¿Miedo?


Las calles se perdían en la noche y en la ciudad, y sus pasos en sus palabras. Los silencios ni siquiera eran incómodos entre ellos. Al contrario, parecían apacibles momentos en los que los ojos hablaban más que los labios.

Llovía suavemente sobre los edificios y las calles adoquinadas. Una lluvia que no empapaba, muy fina y agradable. No danzaba el aire entre las esquinas y el frío se posaba pétreo, gélido, sobre sus cabezas. La luna se escondía llena entre oscuras nubes llorosas con un aspecto etéreo, fantasmal. No había ningún ruido. Todo en silencio. Algún chirrido de bisagras de metal oxidadas irrumpía en la noche junto a algunos cuervos y búhos entre las copas de los eucaliptos o de algún pino perdido.
El llanto nocturno de un bebé atormentado por las pesadillas sonaba a lo lejos. La voz cantarina de una niña pequeña tarareando alguna nana parecía ser dirigida por los llantos.
Su corazón golpeaba fuerte contra su pecho; lo sentía latir en su cabeza, como un continuo golpeteo estridente contra una puerta que está a punto de romperse. Sentía cómo unos ojos ajenos los observaban. Miraba intranquila, muy nerviosa, hacia todos lados esperando encontrarse con su mirada, pero no encontró nada en las profundidades de la oscuridad. Sin embargo, él se mantenía en una calma absoluta. Su corazón parecía de piedra, como si no le afectase ningún tipo de situación; como si no latiera.

El frío se hizo aún más intenso. Su rostro se tornó a un color aún más pálido que el suyo natural y sus huesos casi parecían gemir de dolor desde dentro de su frágil cuerpo. Temblaba de dolor, pero ni siquiera se acercaba al inmenso miedo que recorría cada rincón de su alma, y quería gritar, pero de su boca no salía ni un ápice de sonido.
Y una espesa niebla amarraba sus pies haciendo que la chica quedara completamente inmóvil. Mas no por su espesor, y aun siendo tan grande el miedo de la circunstancia que la rodeaba infundía en ella, no llegaba al temor que sintió al mirarlo y ver que no había cambiado su expresión y que aún sonreía. Unas sombras se movían rápido entre la niebla, por las paredes, por el húmedo suelo, por su corazón…; que cada vez latía más y más fuerte. Y unas gotas sudorosas resbalaban por su frente, mirando hacia todos lados sin saber qué ocurría; sin saber si lo miraba a él o estaba mirando a la Muerte...

Todo Desaparece

Todo desaparece...
No importan los momentos vividos, las circunstancias, los sentimientos, lo que hayamos luchado, lo que hayamos caminado... nada de eso importa, pues como desaparece una estrella que cruza el cielo, efímera, el tiempo incinera a su paso todo lo que hubo, y tan sólo quedamos nosotros mismos y los recuerdos que nos hacen ser lo que somos; los que nos ponen en nuestro lugar, ya sea justo o injusto; la vida tiene un camino a seguir y no va a detenerse a observar cada detalle.
Y mientras, unos cambian, otros caen, otros siguen adelante o creen hacerlo, cuando tan sólo intentan que los demás los vean bien o autoconvencerse de que son fuertes, otros mueren aun estando vivos, y ni los escuchan a ellos ni ellos escuchan a nadie, tan sólo van hacia donde sus pasos les lleven, como espectros, envueltos en la niebla de la ataraxia. Otros posan lágrimas y rosas blancas sobre piedras frías que arropan a sus hijos o hijas, a sus amados o amadas que sólo viven en sus corazones. Otros, sin embargo, se olvidan de ellos porque están demasiado ocupados con sus problemas. Otros se pierden cada noche en otra época, hipnotizados por el halo de la luna y la calma de las nostálgicas noches que traen a sus mentes toda la tristeza que les supone recordar momentos felices que murieron, y se consumen bajo el humo de los cigarros que a la vez consumen sus vidas...

Y otros ríen.

Addio, Piccola..


E "addio piccola", disse tra i petali e le lapidi...

Entre agujas desanudo desnudas rosas sobre losas en mis pies, y allá donde el sol calló tiempo atrás, difuminada sombra se ve llegar, sin más ruido que su vista pisando el suelo, y al vuelo del cuervo su paso se veía romper o tal vez soñar... Lleva en su pecho las palabras de su pluma, o quizá en las palabras yace su corazón y en la tinta su vida.. No más retumba el dolor en su mente que los últimos latidos de sus labios cada noche.. Y de la mano tomó la gélida inerte, y sus rodillas clavó en la muerte como sus ojos en el rostro de esta piedra..

- Están, niña, tus dedos helados como el infierno, y el invierno me nieva encima, pero no me importa, porque estoy aquí enlazando tu mano a mi corazón... Pero.. ¿por qué no veo el color de tu mirada? Es ahora tan vacía como la baldía muerte.. oh, tus ojos me asesinan cruelmente.. y no mienten estos que te miran, deja que admire de nuevo el brillar de esos bellos iris. Y tu cabello, cuales jirones de roca pútrida ondeando hacia la tierra, severo, parece decirme que no vas a callarme con algo dulce de tu boca, y perece mi alma si dice la verdad.. Levanta de ahí, niña, deja esa rosa gris, que miente al mostrar lo que mis ojos creen muerte.
Limpia, como hacías en alguna ocasión en el pasado, estas gotas que el dolor vierte sobre tus pies..
Sé que con un beso despertarás.. - y su alma, negándose a aceptar la realidad de la vida, se desvanecía cuanto más se acercaban sus labios a la mano pálida de la dama-.
Tus dedos fríos no parecen infierno, ni es por este invierno que hiela, sino el infierno vive en tus manos al haber expirado tu cuerpo y es infierno ahora esto que llaman vida.. ¡E infierno es el único mundo que creaste desde ahí arriba, que tan sólo miras, y como piezas de ajedrez mueves los corazones, y dicen los fieles que eres bondadoso, cuando sólo has hecho de nosotros simples peones y marionetas! ¡Y ella no estará arriba, ni aquí, el hielo la guardará en su seno, y estando yo ahora en su mismo suelo no puedo buscar sus pasos y sus besos! ¿Qué es esto entonces, que no podré verla ni estando en el mismo infierno?
... Vierto, niña.. estos últimos pétalos en tu cuerpo.. aunque no sean suficiente para arroparte del frío, impío amante que ahora te abraza.. Tan sólo, en esa eterna distancia que separa nuestros latidos, aguardaré aquí a que sientas el calor de estos labios que se irán contigo...

Pecaron de amante en campo santo sus labios entre el canto de fúnebres árboles.. y de sangre el pecado se hizo palpable a los ojos y a la mano de la negra dama, la eterna calma..
Y con sus últimas palabras creyó marchar a encontrarse con su amada..

Tempus Fugiret

Otra vez aquí, donde los ángeles incineran sus alas y lanzan vuelos al asfalto.. donde el silencio enmudece bajo capas de estertores de felicidad ignorante, donde lo bello es demasiado fácil con unas gotas embriagantes de un licor de alientos muertos, de marionetas, de autómatas.. y donde la belleza que contemplas en tu sueño se aleja, imposible, a ese vacío... danza de máscaras que enloquecen mi quietud, cuales histéricos personajes que corretean sin parar de reir como poseídos a tu alrededor.. sin expresión, sin rostro.. sin conciencia.
Y todo pasa tan rápido en este lugar, como si estuviera parado en medio de una carretera, observando la velocidad con la que me sobrepasan los vehículos.. y al contrario, las agujas de un reloj hastiado, viejo.. ni siquiera se mueven, como si estuvieran esperando impaciente a que abandone su mundo para que todo vuelva a la normalidad. Luego el sol sale cada día para cegar mis pupilas y nublar mi mente, como enemigo eterno, y no me permite observar el camino por el que transito, ni las aguas por las que flota el cadáver de mis sentimientos... Tan sólo puedo escuchar los gritos, gemidos, que supuran de los labios de las almas de cada persona, pidiendo a gritos el auxilio que nunca llegará, que vagan por sus cuerpos como fantasma errante y solitario entre oscuros bosques, como el espíritu de la dama que perdió a su amado bajo los fuegos de la guerra en su contra, y llora.. llora y llama entre lamentos la vuelta del amor perdido... Y por si fuera poco, como si nada ocurriera... siguen encendiendo en su interior falsas luces de esperanza, aquellas que saben que jamás llegaron... esas quimeras, monstruos que condenan la felicidad completa del humano, que no dejan ver lo real...
Apagad las luces, no me dejáis ver la belleza de esta noche.

Pasos en la Niebla

Desde este alféizar sembrado en el hielo veo el mundo caer en brazos del desastre y cómo nadie hace nada, cómo son manejados por la risa de falsos titiriteros estúpidos que tienden la calima que nubla los ojos de cada individuo.
Y cada día voy abandonándome a mí mismo, volviendo al pasado que desoló las tierras por las que piso, sobre las que se desencadenan las tormentas del dolor, de la rabia, la impotencia, la ira, la soledad… y finalmente, la nada… El juramento que hizo el infierno sobre la vida que pesa sobre las cruces bajo las que yacen enterradas mis esperanzas y mis anhelos. Como sueños sólo quiero una mente en blanco o quizás una oscuridad absoluta, en la que no pueda ver nada, en la que no se vea el camino y tampoco pueda caminar, que tan sólo esté, como aquel árbol en mitad del inmenso bosque, abandonado, olvidado… Que nadie pregunte dónde estoy, qué hago, qué digo, qué pienso, qué siento… Quiero ser el piano desafinado que suena melancólico a lo lejos en la noche, que tan sólo escuchan los lobos, con melodías dedicadas a la luna, a quien le lloran su ausencia, porque incluso la noche es demasiado oscura para ellos. Aun pareciendo criaturas viles y siniestras, lloran a una dama que les guíe en el camino… Y sueño con las sombras que invaden mi mente cada vez que sale el sol o se duerme el cielo, cuando tan sólo queda una rosa tendida entre sangre y arena, bañada por la penumbra del alma que encierra este cuerpo que vaga en el olvido en busca de nada, frío, vacío e insensible, mirando hacia ninguna parte, perdido en un páramo sembrado de lápidas y árboles muertos que crecen sobre su yerma tierra… aun inerte, entre ellas, brotan solitarias algunas rosas, esperando no morir bajo una luna etérea y la eterna noche, con el anhelo de resistir los reproches que le hace el sol desde su cueva, desde donde no puede dañar sus pétalos; la fragilidad de un corazón marchito que intenta revivir entre las llamas, los ojos melancólicos que iluminan retazos de este mundo, jirones descosidos del sendero de esta vida…

La Mentira Absoluta

"In veritate noster mendacium credemus"

No puedo abrirle a tu alma las puertas de un mundo que tu mente teme y del que tu cuerpo reniega. Y tampoco puedo regresar a un mundo al que mi alma no quiere entrar, en el que mi mente no encuentra lógica y que mi cuerpo está desafiando.

Tan sólo cuando el alma no sea esclava de la mente y la mente del cuerpo, entonces, cuando el alma, mente y cuerpo no dependan de cada una de ellas y se unan en un ser perfecto, independiente y libre; tan sólo entonces las puertas podrán ser cruzadas, y cuando estos dos seres se enlacen, surgirá un ser aún más perfecto, esférico, puro e inqubrantable. Es la naturaleza del equilibrio de esta verdad.

No así, si uno de los tres elementos propios del humano osa cruzar las puertas, todo, absolutamente todo estará abocado a creer las quimeras, las máscaras que inventemos y al desastre al que creemos mentir. Y ésta, esta es la naturaleza que el humano ha creado para sí mismo; la quimera original que dio a luz a todas las demás convirtiéndose así en un bucle infinito de desastres maquillados con la falsa o equivocada imagen de la esperanza, que desemboca, debido a esta enrevesada conspiración del humano contra sí mismo, en la falsa felicidad, producto de la ignorancia de su origen y la desconfianza producida por la quimera original; la mentira absoluta.

El humano ha pasado siglos en busca de la verdad absoluta, cuando para iniciar una búsqueda eficaz, verdadera, es necesario antes iniciar la búsqueda de la mentira absoluta, y concluirla. Pues este es el origen de la pérdida de la Verdad Absoluta.

|| El conflicto del humano no es con otro humano, sino entre los elementos que lo conforman, que hacen enfermar a cada uno de ellos, y ese conflicto intrínseco se degenera hasta ser incontrolable y hacerse extrínseco a sí mismo. ||

H.F.

"Tengo una pasión que la razón condena y que antepongo a la razón; es por eso que vengo a consultar el oráculo del desvarío, a fin de que me haga esperar, que me ayude a engañar a mi conciencia y me de la paz del corazón" E. Lèvi - Artículo.

Desde las Sombras

Deambulo entre los vivos como un grito eterno de un sueño infinito, y te escribo desde las sombras, lejos de los tentáculos de la esperanza, con este corazón, más frío que la muerte, jurando a tu pecho este triste sentir, y no imploro las quimeras para que escape la vida de mi alma, lívidos mis ojos y desvaneciéndome lentamente, de esta prisión de lamentos y agonía.

Y despierto en el sueño de esta nana, ahogado en el abrazo, sumido en la vaga sonrisa

que dibujaste en la mueca de mis comisuras y la ternura esculpida en el hielo de la noche; en el romance de tus manos.

Como etéreo arcano guardo en cofre de cristal el tácito libar de esa sonrisa que crece en mi suelo, entre el cieno putrefacto, el infierno y la laguna de olvido sobre la que camino, esperando esa sensación de sopor me inunda y me atraviesa con tu hálito cada media noche, como fino humo que nace del fuego anunciando su muerte… Mas ese humo sigue fluyendo en el ambiente, cruzando siempre los pulmones de quien lo respira, como inmortal momento que cruza el corazón de quien lo recuerda.

Y no de cierto sabré que mientes aun en la hipocresía con el que tu nombre la guarda en la oscuridad, mas tu luz exagera en el día.

Epitafio

Sólo la turbia presencia de tu luna destruye la inclemencia invulnerable, infinita, de tu ausencia; el trueno que fulmina con su luz lo que la oscuridad construyó en mi sangre a lo largo de esta muerte en la danza de cada noche; fiel, amable y tenue.
Y ni el nombre ni el corazón se encuentran, mas el tácito libar de esa sonrisa crece en mi suelo, entre el cieno putrefacto, el infierno y la laguna de olvido sobre la que camino.
En este parco papel grabo el frío de las lápidas que me bañan y acarician, con un sabor amargo, en el que nadan eufóricas las penas que murieron, y que ahora moran en ellas.
Y con cada epitafio te escribiré en este eterno letargo las lágrimas que vierte cada sueño a tu alborada, enamorada la noche de tu sopor, en el que su espejo es un lienzo muerto que fue pintado por manos descuidadas y su difuso retrato le llora al fondo…
Mas cuentan los vientos los romances de esta noche con tus mares de rosas, que una oscura sombra te observó en la vigilia de la luna y palpó el tacto de tu rostro tejido de sedas, oyendo el repiqueteo de tu voz en el aire, como una lágrima que cae en un desierto bañado de dunas, rompiendo el silencio de estos lamentos.
La tierra aún late, casi puedo escuchar el leve hálito que acariciaba tu cuello escribiendo las últimas palabras que tus frágiles labios dedicaron a mi oído. Casi puedo sentir aún tu brazo cayendo desde mi rostro. Casi puedo aún ver tus ojos bañados en lágrimas, que pasean ligeramente y se estremecen en tus mejillas. Casi aún puedo sentir cómo un escalofrío rompe mis huesos cuando mis pupilas graban la sangre que emana de tus labios y se precipita contra el suelo, y cómo tus cabellos, ondeando levemente, aún me acarician…
Y esta blanca rosa dejo sobre tus dedos, que etérea se muestra aun estando tu rostro desvaído; tan bello aún… Ya no hay camino que andar si te llevaste mis pies contigo, sólo enorme páramo y triste en el que te he de buscar en vano bajo un manto de soledad que envuelva mis ojos sin cura ni muerte para mi enfermedad. Pero si nuestra vida es muerte tras la tuya, entonces mi muerte será nuestra vida eterna…
Tierras del olvido, ocultad mis sombras. Tierras del olvido, apagad mis miradas. Tierras del olvido, asesinad mis palabras y dejadme perecer en vuestros caminos…

De Incerto

De esto que yace lejos o de esto otro que encuentro y pierdo en los senderos de ajenos pasados grabo la inconsciencia en la tierra de la impotencia y el hastío, así como fío la sangre a perdidos ríos que navegan al albedrío de tu esencia. Y la paciencia me lleva al desespero, a cierto clamor que siembro en las piedras de este templo; el rezo peregrino que nunca llega al que llaman dios, que escribió nuestro destino. O quizás amor llamo a la oración que nunca duerme en lecho de lino, sino en frío escalón de mármol gime al llanto que nadie oye. Y mientras camino con calavera de compañía bajo garras de mal agüero mi cuerpo dejo bajo el suelo y encomiendo mis lamentos al sepulturero que guarda mi puerta, y con el alma en mis suelas vuela el sueño a tus labios, con frío letargo firmo mi sentencia y sobre tus manos entrego mi existencia.
No dejan estos demonios el soñar en la noche y en el día dejan las quimeras a la deriva de mi mente, y no siente el latir el camino de piedra que construye mis pasos y la incertidumbre que los derriba; desde la Estigia contemplo las caricias que allá arriba ya no quedan. El olvido me invita a recordar, y los recuerdos me obligan a olvidar; mas el olvido es eterno recuerdo de la vida que rechazamos cuando todo cayó en la tragedia o el odio. Mas la indiferencia, más devastadora que el olvido, es la que apuñala las miradas que lanzo al día y las lágrimas que dedico a la luna, allá en el infinito, en lo ficticio. Y la insegura certeza de caer en el desastre me arrastra a ocultarme lo cierto y a escribir la mentira que creo…