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lunes, 19 de julio de 2010

Que Callen las Horas




Que Callen las Horas



Como el vendaval y el estrago

Hago un estruendo en las rocas

Cual sobre el acantilado

Se hieren del mar las olas.


Y cientos de errados barcos

Son sumidos en las sombras,

Y se comban los aciagos

Lagos afligidos en sus gotas.


Y en los claros ya son horas

De que la blanca eclipse a un sol

Inventor de falsas estrofas

Para las rosas del soñador;


Ya es tiempo de que las bocas

Cotorras callen su rumor

Y sea jirón de jerga rota

Lo que haya en su ruin clamor.

Musa de la Melancolía



Musa de la Melancolía


En un bosque de fosas
Pasea triste la niña,
Sin vida ni una rosa
Que llore su partida.


Niña aún sin panteón
Que la guarde del día,
Amante del dolor,
Musa de melancolía.

Hace morir tu sangre
Al mar en basto río
Indigno del coraje
Escrito en su gran brío.

Resquebrajas el cielo
Con el grito del llanto
Y llorando, al miedo
Hace ciego el espanto.

domingo, 11 de julio de 2010

Tempus

Es la línea negra
Que cruza lo fatal,
El camino a ciegas,
La flor de tu funeral.

Lágrima fugaz
En rostro de piedra,
Agua del manantial
De la melancolía eterna.

Las alas de Hermes
Tras la entrada,
Ornada de fémures
Y costillas del alma.

La plateada luna
Que falta
Las noches de viernes
De ninguna semana.

El saludo de despedida
Hacia aquel recuerdo
Que se marcha sin prisa
Con ojos de hiel
Y pies de muerto.

La Luna Ha Muerto

La luna ya no revivirá las mareas, ni ninguna dama se enamorará de su resplandor o admirará su halo; en los libros, ya no hará salir a los fantasmas ni a los vampiros, ni los lobos aullarán en su salida... Tampoco los bohemios seguirán su paso, los pintores ya no la dibujarán más, ni los músicos interpretarán su presencia... ni siquiera los poetas que tanto la admiraron volverán a escribir sobre ella...

Los lagos, mares y ríos no la reflejarán en sus aguas, ni las nubes tenues dejarán pasar su brillo plateado para iluminar a aquellos perdidos en la noche...
Ya no llorará la ausencia de nadie ni sonreirá ante la felicidad de otros... Ni siquiera será luna compañera de románticos, ni sueño de alguna dama enamoradiza que mira desde su balaustrada de mármol las ramas de luz que penetran a través de sus pupilas buscando su sonrisa y su calma...

Tampoco será sueño de aquél que escribe novela de terror, ya que en la noche, ya no habrá sombras que crucen de un lado a otro proyectadas por los rayos de luna; ni los ojos de los búhos brillarán para intimidar al asustado que recorre caminos mirando hacia todos lados... puesto que no habrá luz para que reflejen sus ojos...

Pues la luna ha perecido en ataraxia y la noche llora en los acantilados su caída hacia la oscuridad... y construye una y otra tumba cada día que falta, cada día que muere... y tan sólo llora...

El Sendero de la Despedida

Tantos pasos dados sobre unas huellas desgastadas en el camino, tantos pasos perdidos bajo la bruma de los árboles que ciegan la luz de una luna cansada de iluminar los páramos sembrados de otras huellas que caminan despacio hasta el final de un sendero que no llega a ninguna parte, inundadas por la sábana que derrama la noche sobre sus grabados.

La tierra que rozan ni siquiera se inmuta o estremece de cuantos pasen sobre ella, y se burla de todo aquel que tropieza y cae a su piel árida y cruel... los pájaros ya ni siquiera cantan, ahora sólo chillan en un amago angustioso bajo un lago de sangre y lodo que vierten sus hipócritas estrellas entre la luna...

El agua se negó a bañar un rostro imperfecto y ahora es el viento quien acaricia cada herida que abre sus tormentas... Y una sombra solitaria vaga sin rumbo hacia su final, flanqueado de aquellos que se han ido...

Una sensación de sopor la inunda en la noche y la atraviesa con su hálito, como fino humo que nace del fuego anunciando su propia muerte... sin embargo, ese humo sigue fluyendo en el ambiente, siempre cruzando los pulmones de quien lo respira, como inmortal momento que cruza el corazón de quien lo recuerda, haciendo que éste palpite más lentamente y que la sangre recorra las venas como incesante y pausado río, bañando cada orilla e impregnándola de vida y cieno, en el que cada paso que pisa sobre él se hunde y lo atrapa, impidiendo su desesperada huída, ahogando su furia, su integridad, su calma...
y finalmente, sus movimientos se ven frustrados y neutralizados totalmente, hasta que ya no lucha por sobrevivir y muere...
Igualmente recuerdo, como silenciosa ciudad de muertos, que calla por el día y revive bajo la luna para combatir su eterna existencia... Y al final de todo lo caminado, un lúgubre y silencioso mármol espera su llegada tardía con firmeza mientras éste se levanta de cada caída en el sendero...

Destino y Esperanza

Y dicen que los ojos son el espejo del alma…

Espejo colgado en muro impenetrable de bloques de roca, musgo y mohosas lágrimas; sin ventanas ni puertas, tan sólo un cristal puro, sin imperfecciones; sólo cristal…

Y como cristal puro, mira con los mismos ojos al que mira los suyos…

Los mismos ojos que sonríen desde fuera, lloran desde dentro.

Alza un brazo y acaricia el lago que se alza ante ella, viendo reflejado su cuerpo al exterior, y vuelve a golpear sus aguas en vano intento de resquebrajar con sus delicadas manos las olas que forman al impactar, consiguiendo sólo deformar la figura de quien mira desde fuera. Y a su vez, éste que mira desde fuera golpea el cristal que se cierne ante sus ojos intentando entrar en él y alcanzar la figura que se esconde detrás, y aquel cristal, sin embargo, destroza en mil pedazos a aquella figura que apoya su mano contra el espejo desde el fondo…

Y así, destino y esperanza se miran eternamente, condenados a romperse el uno al otro cada día; separados ante un mismo espejo con dos caras: desde el fondo, la esperanza mira al destino separada por la realidad; desde fuera, el destino mira a la esperanza, separado por la vida…

El Litigio Del Silencio

Derrama el alféizar sus escalones,
Trenzados galones de esta tristeza
Que resbala con ciertas flores maleza,
Más certera cual cereza en los soles.

Pisan, pisan botas en sus temores,
Los clamores no vencen la cenefa
Que recorre el ruido de sus cabezas,
La vuelta a la boca hace estertores.

Alaridos del lobo ante la parca,
A cuya barca vende su olvido
Quemando el nido donde sueña amarga.

Gemido que porta el viento y su danza
Que ni escuchan ni bailan los sentidos,
Inertes latidos que lanzan pisadas…

Flor de Loto

 Este camino de sangre
Que arde en los vivos dedos
Del aclamado desastre
Ahogará los sueños,
Y sus huesos en rebate,
En el olvido eterno.

Los pasos de estas calles
Pisarán sobre el cieno
De los cielos sepulcrales,
Y Hades, el poeta cierto,
Cavando sus credenciales,
Olvidará su seno.

La cena de aquellas carnes
De muslos del Erebo
Tomarán las viles fauces
De cauces del averno,
Y los abismos de sus mares
Beberán de este invierno.

¡Oíde! Oíde os ruxidos,
Tú, mi herida del viento,
Quien borrará mis latidos
Y el llanto de mi aliento
De los cuadernos del caído
Hijo de olvido eterno.