Serían
las cuatro de la mañana, o las doce del mediodía en esos callejones grises, en
esas calles oscuras, o ese maldito pasillo. Quizás. No lo sé, las horas son
sólo los nombres del tiempo, y los lugares, del espacio, y cuando conozco
tantos nombres tiendo a olvidar algunos.
Tal
vez, haya pasado lo mismo con esa maraña de pasos ajetreados y revueltos que se
entrecruzan constantemente, sin saber qué tierra o qué personas pisan al
correr. Esa gente que siempre mira hacia adelante, en el tiempo y en el
espacio. Esa gente que corre para sentarse en su oficina o en su clase, y que
durante medio día, pasan sus horas mirando hacia sus ordenadores o a sus
cuadernos, sin levantar cabeza, leyendo rápido, escribiendo deprisa, porque se
les acaba el tiempo para entregar un informe, un trabajo o hacer un examen que
a nadie le importa un carajo. Esa gente tan preocupada por su futuro
profesional, por ser alguien en esta sociedad. Un futuro que jamás llegarán a
saborear, porque seguirán siendo esclavos de los objetivos que se han
establecido; porque seguirán viviendo deprisa, viviendo a medias.
La
vida es demasiado corta para el que vive corriendo..
Y
ahora que recuerdo, fue por esas calles oscuras por las que llegué a los
callejones grises, pero el motivo principal es por ese maldito pasillo que
cruzo la mayoría de los días. Esos adoquines que me invitan a recordarte con
tristeza, a desbrozar las líneas que escribiste, y que me lees con esa jodida y
profunda mirada, porque expresas más de lo que desarías. Y me entristece.. me
entristece ver cómo ese vendaval neurótico y enfermizo de ambición, de
materialismo y supervivencia te consume
en su insaciable estómago, en esa quimera de esperanzas en la que todos creen
ser libres y hacer lo que les gusta. Hasta que llegue el momento en el que se
den cuenta de que todo lo que hicieron fue para obtener un puesto dentro de
un sistema en el que se habla de altruismo, y en el que se venden conocimientos
por dinero; en el que todo se hace para sobrevivir. Pero, el arte por el arte
quedó encerrado en un ensayo de Oscar Wilde.
Y te
imagino cada noche, que caminas sosegada en medio de toda esa gente,
sintiendo tus líneas en tu corazón y no en tus manos, respirando confortada el
aire que danza a tu alrededor, y no la lluvia de promesas y minutos que
arremete contra tu pecho, viviendo como eres y no lo que deseas ser. Te imagino
bella y libre, tenue y preciosa, como los primeros minutos de Shine On You
Crazy Diamond. Imagino esa sonrisa espontánea y sincera de cuando no tienes
nada que ocultar, que no necesita explicación, en medio de un café que tiene
que esperar a una conversación que no quieres terminar.
Mi
único sueño es que seas libre, porque debe ser poesía conocerte. Pero estás
demasiado ocupada para eso..